Sebastiàn de Yradier

 

 

“Si a tu ventana llega una paloma...”.

Ramón Regidor Arribas

 

BIOGRAFÍA

 

Realizar una biografía pormenorizada de Iradier es tarea harto difícil por la falta de numerosos datos sobre su vida. Baltasar Saldoni, colega suyo en tareas docentes, ya lo intentó inútilmente, como demuestra en su diccionario biográficobibliográfico

de efemérides de músicos españoles, cuando comenta sobre él:“autor muy conocido en el mundo filarmónico por sus canciones populares. Estuvo algunos años de maestro de solfeo para el canto en nuestro Conservatorio, y por más que le pedimos sus apuntes biográficos, jamás nos los negó, pero lo cierto es que falleció sin habérnoslos dado”.

Sebastián Iradier y Salaverri nace en Lanciego (Álava) el 20 de enero de 1809. Estudia piano y órgano en Vitoria, y con dieciséis años, entre abril de 1825 y junio de 1827, es organista de la iglesia de San Miguel Arcángel de Vitoria. En 1827 oposita y gana la plaza de organista y sacristán mayor para la parroquia de San Juan Bautista de Salvatierra, con nombramiento de 5 de junio. En 1829 contrae matrimonio con Brígida de Iturburu en Salvatierra,que le dará un hijo,Pablo. Aparte de sus obligaciones musicales religiosas, siente gran afición por las canciones populares, que estaban de moda en los salones privados de la alta burguesía vasca, y disfruta interpretando al órgano y a la guitarra cachuchas, boleros, seguidillas y tiranas. En 1833 se le concede licencia para perfeccionarse en Madrid en estudios de composición durante cuatro meses, que se convertirían en años, en los que faltaría a sus obligaciones de organista, puesto que cubriría interinamente su amigo y discípulo Antonio Ruiz de Landazábal.

A partir de su llegada a Madrid desarrollará una actividad frenética y una gran habilidad para introducirse en los círculos aristocráticos y relacionarse con importantes figuras de las letras, de la música y de la política. Parece ser que estudia composición con Baltasar Saldoni.Entre 1835 y 1840 ha logrado gran prestigio y popularidad en la capital de España.Era socio de la sección de música del Liceo Artístico y Literario,en cuya institución llegaría a ocupar el puesto de socio de mérito en la clase de maestro compositor y consiliario, fue vicedirector de la Academia Filarmónica Matritense, era catedrático de armonía y composición del Instituto Español,profesor del Colegio Universal de Madrid y socio de honor de la Academia Filarmónica de Bayona. Entre 1839 y 1850 será primer maestro de solfeo para el canto en el Real Conservatorio de Música de Madrid. También impartía clases particulares de canto, y a los alumnos que carecían de recursos económicos les enviaba a estudiar al Conservatorio. En 1840 vuelve a Salvatierra para reclamar su sueldo de organista, a lo que el Cabildo se negará en un principio. Regresa a Madrid y en julio del mismo año renuncia a este puesto. En septiembre retorna a Salvatierra para cobrar los atrasos, que al fin le ha concedido el Cabildo, y forma parte del tribunal, que otorga la plaza vacante dejada por él a su amigo y discípulo Antonio Ruiz de Landazábal. Su gran habilidad para las relaciones públicas le permite introducirse en los salones de la más alta aristocracia de Madrid, como los de la duquesa de Villahermosa, la marquesa de Campo Alange,la marquesa de Perales,la marquesa de Legarda,la marquesa de Castellanos, los marqueses de Ayerbe y la condesa de Montijo, cuyas hijas Francisca, futura duquesa de Alba, y Eugenia, futura emperatriz de Francia, serán alumnas suyas. Conocerá a políticos como Narváez y González Bravo, a escritores extranjeros como Próspero Merimée, gran amigo y confidente de la condesa viuda de Montijo, a famosos literatos españoles como Espronceda, Zorrilla, García Gutiérrez, Príncipe,Fernández de los Ríos,Campoamor y Gutiérrez de Alba,tendrá amistad con músicos españoles como Carnicer, Saldoni, Espín y Guillén y Soriano Fuertes, y alguna relación con músicos extranjeros a su paso por España, como Liszt y Glinka. Mantiene una estrecha colaboración con Agustín Azcona y con Tomás Rodríguez Rubí, archivero de la casa de Montijo, poeta, dramaturgo, periodista y político, figura sobresaliente de aquella época, que llegaría a ser ministro de Ultramar.

Durante su etapa madrileña inicia una actividad musical imparable, componiendo obras para bailes de máscaras (valses,algunos coreados,polkas,rigodones…),que le darán gran celebridad, realiza alguna incursión en la zarzuela, pero sobre todo comienza a producir canciones, que marcarán definitivamente su trayectoria en el mundo de la música y que le proporcionarán la fama. En 1840 aparece publicada por el Album Filarmónico su primera colección de canciones nuevas españolas con acompañamiento de piano-forte, con textos de Peral, Campoamor, Príncipe, Satorres y García Gutiérrez. Su instinto mercantil le impulsará a abrir más adelante un almacén de venta de música y pianos, en la calle del Príncipe nº16, y

una litografía e imprenta en la calle de Peligros nº 16, que le permitirán imprimir y vender sus propias obras. Parece ser que el almacén de música estuvo abierto entre 1850 y 1863. En 1847 participaba en un círculo musical dirigido por Espín y Guillén, en el que colaboraba a veces como cantante junto a José Cagigal.
En Madrid contrae nuevo matrimonio, del que nacerá una hija. Podemos definir la década de los años cincuenta como su etapa viajera y también como bastante confusa en datos sobre su vida. En 1850 viaja a París, y con el apoyo de Pauline Viardot consigue introducirse en los círculos musicales parisinos. Conocerá a Rossini y se relacionará con cantantes y bailarinas célebres,que interpretarán sus canciones y le proporcionarán cierta fama.Aumentan las peticiones de nuevas obras para canto y para danza, y su música, reflejo del pintoresquismo español de moda entonces, se pasea por los salones de la capital francesa con gran éxito. En 1853 vuelve a Madrid para el estreno de su loa,
La perla del Genil, dedicada a Eugenia de Montijo,reciente emperatriz de Francia por su matrimonio con Napoleón III.
En 1855 está de nuevo en París, con domicilio en la
rue Breda, nº 30. En 1857 inicia una gira con la célebre contralto Marieta Alboni por Estados Unidos,México y Cuba, que comprendía Nueva York, Boston, Filadelfia, Nueva Orleáns, México y La Habana,

dando a conocer sus canciones y encontrando la inspiración criolla para algunas

nuevas. En Nueva York participa en conciertos privados de la alta burguesía.De

regreso a Europa se detiene en Londres, donde su amigo, el famoso barítono Ron-

coni, le introducirá en los salones de la aristocracia británica. Finalmente volverá a

París. Día a día aumenta su celebridad, hace valer el mérito de haber sido maestro

de canto de la emperatriz Eugenia, sus canciones se interpretan por doquier y por

los cantantes más renombrados, y en años venideros serán publicadas muchas de

ellas por prestigiosas editoriales extranjeras y por la suya de Madrid.

La última etapa de su existencia es la más oscura, no sólo por la falta de noticias

sobre su vida, sino también por una enfermedad que al parecer le afectó a

la vista en París y que le indujo a regresar a España.Tal vez también su brillo se

había oscurecido. Al final volvería a Vitoria. Desde allí se acercaría alguna vez a

Salvatierra, donde era muy recordado y donde era agasajado por su antiguo discípulo

y sucesor en su puesto de organista, Antonio Ruiz de Landazábal. Fallecería

en Vitoria el 6 de diciembre de 1865.

¿Cómo era Sebastián Iradier, el hombre? Por las referencias que de él conocemos,

parece ser que tenía fama de liberal y vividor, de espíritu aventurero, algo donjuán,

atildado,no en vano le llamaban el dandi vasco,muy simpático,con gran habilidad para

las relaciones públicas, que aprovechaba para arrimarse a la sombra de los árboles

más frondosos, tanto del arte y de la cultura, como de las altas esferas sociales,

oportunista, con buen instinto comercial para explotar su producción y quizás un

poco figurón para dar la impresión de valer más de lo que realmente valía. No debía

de merecerle respeto a Barbieri, ni como persona ni como músico, cuando escribió

tan duramente sobre él:“Muerto en 1865.Fue autor,plagiario y editor de canciones

españolas que cantaba (dicen) con gracia. Hombre de gran historia y de poca

vergüenza”. (¿).

LA PALOMA

Resulta curioso cómo Iradier, que tanta fama y éxitos cosechó en su época,

dentro y fuera de España, por las numerosísimas canciones que compuso y

cantaron grandes artistas, sea hoy solamente recordado gracias a una de ellas:

La Paloma. Por lo demás, Iradier es un perfecto desconocido, incluso para la

inmensa mayoría de los profesionales de la música. ¿Cuántos saben que la celebérrima

habanera de Carmen (1875) no es sino una traslación con ligeras

variantes de otra habanera de Iradier, titulada El arreglito, estrenada en París en

l863 por Mila Trebelli en el Teatro Imperial Italiano, con extraordinario éxito,

y publicada al año siguiente dentro de una colección de canciones del autor

español? La copia de Bizet es conocida y tatareada por todo el mundo, y se

ha ganado la inmortalidad, pero ¿quién conoce el original de Iradier?

Parece ser que Iradier, durante su gira por América en los años cincuenta, compuso

La Paloma en Cuba, y que en La Habana fue estrenada por la famosa contralto

italiana Marietta Alboni (según sostiene Emilio López de Saa).Aunque con

anterioridad, en 1842, ya se había publicado en Cuba una canción con un ritmo

similar al de la habanera, El amor en el baile, de autor desconocido, el mérito histórico-

musical atribuido a La Paloma es el de haber sido la primera editada con

firma de autor, que definiría para el futuro lo que hoy entendemos por habanera.

En un principio fue impresa con el subtítulo de canción americana a dos voces con

un poquito de trigueña y caramelo, pero ya en ediciones posteriores aparecería como

habanera, y así ha quedado para siempre. Se ha especulado sobre si, años antes

de la llegada de Iradier a Cuba, ya se cantaba allí La Paloma, de la que él se

apropió para hacer su propio arreglo, pero ignoramos cómo sería aquella canción

y si tendría algún parecido con la del músico vasco, y lo cierto es que La Paloma

que voló desde los países americanos hasta Europa y ganó pronto gran popularidad,

la que ha llegado hasta nosotros, es la firmada por Iradier.

La fórmula de la habanera es la de una composición en compás de 2/4,sostenida por

una base rítmica de corchea con puntillo, semicorchea y dos corcheas, con un movimiento

lento que se asemeja al balanceo de una mecedora. La sugestión de este

ritmo afectó a todos los compositores de zarzuela de la segunda mitad del siglo XIX

y del XX, que no pudieron resistirse a la tentación de incluirlo en sus obras, a sabiendas

de que los oyentes lo recibirían siempre con placer y lo recompensarían con

el aplauso.Pero también los creadores de música culta han sucumbido al embrujo de

la habanera y le han dedicado obras. En España podemos citar, entre otros, a Albéniz,

Granados,Falla,E.Halffter,Montsalvatge,etc.,y en Francia a Saint-Saëns,Chabrier,

Laló,Debussy,Ravel,Laparra,etc.Su similitud rítmica con el tango ha provocado que,

a veces, se haya utilizado esta denominación para composiciones que muy bien podían

haberse llamado habaneras.

La Paloma está también asociada a una desgraciada historia. Durante el engañoso y

efímero reinado en México del emperador Maximiliano I, archiduque de Habsburgo

(de 1864 a 1867),fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867,una jovencita tonadillera

mexicana, Concha Méndez (1848-1911), que luego sería muy famosa, cantaba

esta habanera, que ya se estaba haciendo célebre en el país. La esposa del emperador,

la emperatriz Carlota,quedó prendada de la canción desde la primera ocasión

en que la escuchó,y tal llegó a ser su predilección por ella,que en todas las fiestas

de palacio le pedía a la cantante que la interpretara.Concha Méndez gozó de los

favores de la emperatriz, de quien recibió el regalo de una valiosa pulsera con sus

iniciales grabadas. El pueblo mexicano, conocedor del gusto de Carlota por La Paloma,

para escarnecerla cambiaba la letra de dos de sus versos de este modo:“Si a

tu ventana llega un burro flaco, trátalo con cariño que es tu retrato”. Tras el fusilamiento

de Maximiliano y, habiendo triunfado la revolución juarista, se celebró en el

Teatro Nacional una función, en la que intervenía Concha Méndez, y el público le

solicitó que cantara La Paloma con el texto burlón,a lo que la cantante se negó por

respeto a la ex emperatriz, que tan bien se había portado con ella y que languidecía

con la razón perdida en Europa, y a su esposo recientemente ajusticiado.

Cuando Wiliam Dieterle rodó la excelente película Juárez (1939), los guionistas conocían

sobradamente esta historia,por lo que incluyeron un par de momentos con

importante alusión a La Paloma.Y por eso Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), al

componer la música para la banda sonora de esta cinta, utilizó La Paloma como tema

recurrente en tres ocasiones, asociándola al amor de Maximilano y Carlota. La

primera vez suena de forma orquestal, y es escuchada por la pareja imperial en la

escena de la terraza de palacio, al atardecer, cuando ambos sueñan con un futuro

triunfal. Ella (Bette Davis) interrumpe a su marido (Brian Aherne).“Escucha…”, le

dice.“¡Bonita música!”, comenta él.“La paloma. Es una canción de amor. La melodía

más bonita que hay”, contesta ella.“¿Conoces la letra?, pregunta el emperador.“Sí,

Maxi, es una conocida habanera.Aquí la canta todo el mundo”, explica Carlota.Y

mientras sigue sonando la música, ella va recitando la estrofa más famosa de la canción.

La segunda vez reaparece La Paloma como fondo orquestal en la despedida de

Maximiliano y Carlota, cuando ella emprende el viaje a París para tratar de disuadir

a Napoleón III de la retirada del ejército francés de México.Ya no volverán a verse.

Y la tercera vez que va a sonar La Paloma es a petición del emperador, como última

gracia antes de ser ejecutado, en recuerdo de su amada esposa.Ahora la escuchamos

cantada por una mujer,con voz de contralto,vestida de mexicana,que muy

bien podría representar a la antes citada Concha Méndez. La canción sirve de enlace

con la imagen de una Carlota postrada y enajenada.

Numerosas canciones de Iradier tuvieron una vida fugaz, algunas alcanzaron

la madurez y luego se marchitaron, pero La Paloma, tras siglo y medio desde

su nacimiento, sigue joven y lozana, no ha perdido su capacidad de vuelo y

continúa cantándose, tanto por artistas profesionales como por personas ajenas

al mundo de la música. No es raro que en reuniones familiares o de amigos,

cuando la alegría invita a cantar, surja aquello de “si a tu ventana llega una

paloma…”, que todos parecen conocer.

 

CATÁLOGO DE OBRAS

Orquesta escénicas

 

Por las razones que fueren, Iradier no se sintió inclinado a la composición de

música para el teatro, como lo demuestra su escasísima contribución a este

género. Veamos en qué consistió:

- El ventorrillo de Crespo. Zarzuela en un acto, con texto de Tomás Rodríguez

Rubí, y música de Basilio Basili, estrenada en el Teatro de la Cruz de Madrid,

el 15 de julio de 1841. En ella se intercalaban el polo Yo que soy contrabandista

de Manuel García, y la canción El charrán de Sebastián Iradier.

- El mesón en Nochebuena. Zarzuela en un acto, con texto de autor desconocido,

y música de Iradier, estrenada en el Teatro de la Cruz de Madrid, el 24 de

diciembre de 1843. Contenía un coro, un terceto, y las canciones La naranjera

y El matón del propio Iradier.

- La pradera del Canal. Zarzuela en un acto, con texto de Agustín Azcona, y música

de Sebastián Iradier, Cristóbal Oudrid y Luis de Cepeda, estrenada en el

Teatro de la Cruz de Madrid, el 11 de marzo de 1847. De los ocho números

musicales que contiene la obra, cinco son de Iradier: el coro inicial, la canción

torera, una jota, la canción de Rita y el terceto.

- La perla del Genil. Loa dedicada a Eugenia de Montijo, reciente emperatriz de

Francia por su matrimonio con Napoleón III, con texto de Tomás Rodríguez

Rubí, y música de Iradier, estrenada en la quinta de la condesa viuda de Montijo

de Carabanchel, Madrid, en 1853.

Se suele citar otras dos obras escénicas. Una, Las ventas de Cárdenas, que no

es una zarzuela, sino un sainete de Tomás Rodríguez Rubí, en el que se intercalaron

cinco números de Iradier, y otra, El mayoral de diligencias, de la que no

poseemos dato alguno.

 

Canciones

 

Es en este género donde Iradier encontró su auténtico camino y alcanzó

amplia fama. Estaba dotado de gran facilidad para improvisar al piano y a la

guitarra, poseía gran imaginación para crear melodías y se movía a gusto en

cualquier clase de ritmo.Aprendió pronto a conocer los gustos del público,

tanto del plebeyo como del aristocrático, atraído éste siempre por lo popular,

y supo darle lo que le pedía. Poseía una gran intuición para elegir los

temas de sus canciones, dotadas de cierto gracejo y picardía en numerosos

casos, y que en su gran mayoría eran un muestrario de tipos de su época.

Basta con leer los títulos de sus canciones para comprobarlo. En esto parecía

enlazar con la pasada tonadilla y apuntar hacia el futuro género chico. Iradier

carecía de una profunda formación musical, que le habría permitido

abordar composiciones de una mayor envergadura, por eso se desenvolvía

tan cómodamente en este género sencillo, y precisamente esta sencillez le

dio tanta popularidad. Porque sus canciones, en general, eran de fácil asimilación,

asequibles a cantantes aficionados y a cualquiera que tuviese un buen

oído, con un acompañamiento pianístico nada complicado, y se acercaban a

lo que hoy llamaríamos música ligera. Sus fuentes de inspiración no eran

siempre originales y se apropiaba a veces de temas musicales ya existentes,

que él reelaboraba a su conveniencia. Ciertas canciones requerían de los intérpretes

una capacidad teatral, porque tenían el sentido de brevísimas representaciones

escénicas, en las que se intercalaban ocasionalmente frases

habladas, estando compuestas algunas de ellas en forma de dúo, y otras se

cantaban y bailaban. Las canciones de Iradier se interpretaron en salones

aristocráticos y de gente pudiente, en intermedios y finales de funciones y

recitales líricos, en cafés-cantantes, y llegaron hasta las casas de pequeños

burgueses, donde había un piano y las niñas casaderas lucían sus habilidades

canoras, y se publicaron por editoriales como la casa Rolandi de Londres, la

Schonnenberger y la Heugel de París, y la Shott-Söhne en Alemania, con traducción

de los textos al francés y al italiano. Si estas prestigiosas casas de

música extranjeras se interesaron por las obras del compositor vasco, fue

por la enorme popularidad de que gozaban. No olvidemos que algunas de

estas canciones eran interpretadas por cantantes de fama como la Viardot,

las hermanas Patti, la Bosio, la Alboni, la Damoreau, la Marchisio, la Carvalho,

la Nantier-Didiée, Ronconi, Salas…

El catálogo de las canciones de Iradier sobrepasa el centenar y medio de títulos,

como se puede comprobar en la lista que ofrecemos a continuación.

Por él circulan canciones españolas, andaluzas, madrileñas, boleras, habaneras,

moriscas, jotas, y romanzas de salón. En cuanto a los autores de los textos, en

numerosos casos no sabemos quiénes fueron, lo que explica tanto espacio en

blanco, aunque en algunas letras parece apreciarse un origen de coplas y romanceros

populares, con posible adaptación del propio Iradier.

 

Canciones

Agua va! Juan del Peral

Alza puñalá B. J. Bouligny

Amor es un capricho Sebastián Iradier

Aurora o El jaleo de Jerez José Zorrilla

Aurora la gitana de Sevilla José Zorrilla

Ay, chiquita

Boleras sevillanas Prado Castellanos (Bolero del olé)

Broma y jaleo Francisco Luis de Retes

Café caliente

Canción del molino

Canción satírica, de El diablo cojuelo

Carmela

Castillos en el aire

Coro de monjas

Efectos de la amabilidad Sebastián Iradier

El arco iris o Los once colores políticos Sebastián Iradier

El arreglito Sebastián Iradier

El banderillero Agustín Azcona

El borracho

18

El canto M.Alcayde

El carbón de piedra

El carpintero

El cataplúm Sebastián Iradier

El charrán Tomás Rodríguez Rubí

El chiclanero

El chin, chin, chan Sebastián Iradier

El chulo

El contrabandista

El curro marinero

El delirio Cataldi

El empalagao

El estudiante de Tuna Miguel Agustín Príncipe

El goloso

El jaque M.Alcayde

El Juanelo de Sevilla

El jubileo Ramón de Campoamor

El londito

El macareno Manuel Azcutia

El matón

El melonero José María Gutiérrez de Alba

El miriñaque Sebastián Iradier

El molino José Zorrilla

El naranjero de Cádiz Wenceslao Ayguals de Izco

El naranjero Tomás Rodríguez Rubí

El patatús

El primor Tomás Rodríguez Rubí

El recuerdo B. J. Bouligny

El requesonero José María Gutiérrez de Alba

El sapiluse

El sereno de Sevilla Manuel Rodríguez

El sol de Sevilla Sebastián Iradier

El sol de Triana o La Rosilla

El suspiro

El torero Tomás Rodríguez Rubí

El tormento M. Belate

El vestido azul Marqués de Molins

Él y ella Miguel Agustín Príncipe

El zapateado

Galop de las panderetas Ramón de Campoamor

Isabel o La ramilletera de Madrid Agustín Azcona

Jerez y borgoña José Zorrilla

Jota aragonesa

Jota aragonesa del vestido azul

Jota de los cascabeles M. de T.

Jota de los estudiantes

Jota de los toreros

Jota del chiclanero

Juanita

Juanita o La perla de Aragón Marqués de Molins

L’ eco della tomba

La avellanera Juan del Peral

La beata Ramón Satorres

La bofetá Agustín Azcona

La cachucha

La calahorrana

La calesera

La cigarrera Agustín Azcona

La cita Parent

La Colasa Agustín Azcona

La coqueta Tomás Rodríguez Rubí

La declaración

La esperanza Juan del Peral

La estudiantina

La flor de la canela Tomás Rodríguez Rubí

La inocencia

La gitana o La buenaventura J. B. Sandoval

La lágrima

La liga de Juana Ramón de Campoamor

La Macarena José María Gutiérrez de Alba

La macarenita Sebastián Iradier

La manola

La mantilla de tira

La mejicana Sebastián Iradier

La molinera

La mononita

La morena

La naranjera

La negrita

La paloma

La palpitación

La pamplinera Wenceslao Ayguals de Yzco

La Pepa

La perla de Andalucía Sebastián Iradier

La Perla de Triana J. L. Clavero

La poderosa Sebastián Iradier

La pollería

La purificación de la canela

La riña del calesero Agustín Azcona

La Rita Agustín Azcona

La rondeña

La rosa española

La rubia de los lunares Sebastián Iradier

La sal José María Gutiérrez de Alba

La serenata

La serrana José Sanz Pérez

La sevillana

La soledad de los barquillos y La malagueña

La Tana

La tierra e María Santísima M. Eulate

La valenciana de máscara Antonio García Gutiérrez

Las amonestaciones Sebastián Iradier

Las calabazas

Las caleseras o El calesero andaluz Tomás Rodríguez Rubí

Las fatigas Tomás Rodríguez Rubí

Las máscaras Juan del Peral

Las ventas de Cárdenas Tomás Rodríguez Rubí

Lola

Los baños de Carracaca Tomás Rodríguez Rubí

Los caracoles

Los mareos de Juana J. B. Sandoval

Los ojos negros Antonio García Gutiérrez

Los pollos Wenceslao Ayguals de Yzco

Los toros del puerto Luis González Bravo

Luisa la capitana Sebastián Iradier

María Dolores Manuel Rodríguez

Mi artillero Juan del Peral

Ni amor ni olvido J. Grijalva

No quiero amores

Pelar la pava

Pobre ciego Juan del Peral

Poca o ninguna distancia

¡Que me najo! Quién se viene

¡Qué será!

¡¡Quiá!! B. J. Bouligny

Rondeño

Sapituse

Seguidillas del picaporte y Boleras del ja, ja Julián Sáiz Cortés

Serenata

Si será amor

Tu amor o la muerte

Un adiós Juan del Peral

Una declaración a quemarropa

Una ingrata Cayetano de Suricalday

Una rosa

Una rosa y unas calabazas Sebastián Iradier

Vals del dios Baco José Zorrilla

 

 

 

                         

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