“Si a tu ventana llega una
paloma...”.
Ramón Regidor Arribas
BIOGRAFÍA
Realizar una
biografía pormenorizada de Iradier es tarea harto difícil por la falta de
numerosos datos sobre su vida. Baltasar Saldoni, colega suyo en tareas docentes,
ya lo intentó inútilmente, como demuestra en su diccionario
biográficobibliográfico
de efemérides
de músicos españoles, cuando comenta sobre él:“autor muy conocido en el mundo
filarmónico por sus canciones populares. Estuvo algunos años de maestro de
solfeo para el canto en nuestro Conservatorio, y por más que le pedimos sus
apuntes biográficos, jamás nos los negó, pero lo cierto es que falleció sin
habérnoslos dado”.
Sebastián
Iradier y Salaverri nace en Lanciego (Álava) el 20 de enero de 1809. Estudia
piano y órgano en Vitoria, y con dieciséis años, entre abril de 1825 y junio de
1827, es organista de la iglesia de San Miguel Arcángel de Vitoria. En 1827
oposita y gana la plaza de organista y sacristán mayor para la parroquia de San
Juan Bautista de Salvatierra, con nombramiento de 5 de junio. En 1829 contrae
matrimonio con Brígida de Iturburu en Salvatierra,que le dará un hijo,Pablo.
Aparte de sus obligaciones musicales religiosas, siente gran
afición por las canciones populares, que
estaban de
moda en los salones privados de la alta burguesía vasca, y disfruta
interpretando al órgano y a la guitarra cachuchas, boleros, seguidillas y
tiranas. En 1833 se le concede licencia para perfeccionarse en Madrid en
estudios de composición durante cuatro meses, que se convertirían en años, en
los que faltaría a sus obligaciones de organista, puesto que cubriría
interinamente su amigo y discípulo Antonio Ruiz de Landazábal.
A partir de su
llegada a Madrid desarrollará una actividad frenética y una gran habilidad para
introducirse en los círculos aristocráticos y relacionarse con importantes
figuras de las letras, de la música y de la política. Parece ser que estudia
composición con Baltasar Saldoni.Entre 1835 y 1840 ha logrado gran prestigio y
popularidad en la capital de España.Era socio de la sección de música del Liceo
Artístico y Literario,en cuya institución llegaría a ocupar el puesto de socio
de mérito en la clase de maestro compositor y consiliario, fue vicedirector de
la Academia Filarmónica Matritense, era catedrático de armonía y composición del
Instituto Español,profesor del Colegio Universal de Madrid y socio de honor de
la Academia Filarmónica de Bayona. Entre 1839 y 1850 será primer maestro de
solfeo para el canto en el Real Conservatorio
de Música de Madrid. También impartía clases particulares de canto, y a los
alumnos
que carecían de recursos económicos les enviaba a estudiar al
Conservatorio. En 1840 vuelve a Salvatierra para reclamar su sueldo de
organista, a lo que el Cabildo se negará en un principio. Regresa a Madrid y en
julio del mismo año renuncia a este puesto. En septiembre retorna a Salvatierra
para cobrar los atrasos, que al fin le ha concedido el Cabildo, y forma parte
del tribunal, que otorga la plaza vacante dejada por él a su amigo y discípulo
Antonio Ruiz de Landazábal. Su gran habilidad para las relaciones públicas le
permite introducirse en los salones de la más alta aristocracia de Madrid, como
los de la duquesa de Villahermosa, la marquesa de Campo Alange,la marquesa de
Perales,la marquesa de Legarda,la marquesa de Castellanos, los marqueses de
Ayerbe y la condesa de Montijo, cuyas hijas Francisca, futura duquesa de Alba, y
Eugenia, futura emperatriz de Francia, serán alumnas suyas. Conocerá a políticos
como Narváez y González Bravo, a escritores extranjeros como Próspero Merimée,
gran amigo y confidente de la condesa viuda de Montijo, a famosos literatos
españoles como Espronceda, Zorrilla, García Gutiérrez, Príncipe,Fernández de los
Ríos,Campoamor y Gutiérrez de Alba,tendrá amistad con músicos españoles como
Carnicer, Saldoni, Espín y Guillén y Soriano Fuertes, y alguna relación con
músicos extranjeros a su paso por España, como Liszt y Glinka. Mantiene una
estrecha colaboración con Agustín Azcona y con Tomás Rodríguez Rubí, archivero
de la casa de Montijo, poeta, dramaturgo, periodista y político, figura
sobresaliente de aquella época, que llegaría a ser ministro de Ultramar.
Durante su
etapa madrileña inicia una actividad musical imparable, componiendo
obras para bailes de máscaras (valses,algunos
coreados,polkas,rigodones…),que
le darán gran
celebridad, realiza alguna incursión en la zarzuela, pero sobre todo comienza a
producir canciones, que marcarán definitivamente su trayectoria en el mundo de
la música y que le proporcionarán la fama. En 1840 aparece publicada por el
Album Filarmónico
su primera
colección de canciones nuevas españolas con acompañamiento de piano-forte, con
textos de Peral, Campoamor, Príncipe, Satorres y García Gutiérrez. Su instinto
mercantil le impulsará a abrir más adelante un almacén de venta de música y
pianos, en la calle del Príncipe nº16, y
una litografía
e imprenta en la calle de Peligros nº 16, que le permitirán imprimir y vender
sus propias obras. Parece ser que el almacén de música estuvo abierto entre 1850
y 1863. En 1847 participaba en un círculo musical dirigido por Espín y Guillén,
en el que colaboraba a veces como cantante junto a José Cagigal.
En Madrid contrae nuevo matrimonio, del que nacerá una hija. Podemos definir la
década de los años cincuenta como su etapa viajera y también como bastante
confusa en datos sobre su vida. En 1850 viaja a París, y con el apoyo de Pauline
Viardot consigue introducirse en los círculos musicales parisinos. Conocerá a
Rossini y se relacionará con cantantes y bailarinas célebres,que interpretarán
sus canciones y le proporcionarán cierta fama.Aumentan las peticiones de nuevas
obras para canto y para danza, y su música, reflejo del pintoresquismo español
de moda entonces, se pasea por los salones de la capital francesa con gran éxito.
En 1853 vuelve a Madrid para el estreno de su loa,
La perla del
Genil,
dedicada a Eugenia de Montijo,reciente emperatriz de Francia por su matrimonio
con Napoleón III.
En 1855 está de nuevo en París, con domicilio en la
rue
Breda, nº 30. En 1857 inicia una gira con la célebre contralto Marieta Alboni
por Estados Unidos,México y Cuba, que comprendía Nueva York, Boston, Filadelfia,
Nueva Orleáns, México y La Habana,
dando a
conocer sus canciones y encontrando la inspiración criolla para algunas
nuevas. En
Nueva York participa en conciertos privados de la alta burguesía.De
regreso a
Europa se detiene en Londres, donde su amigo, el famoso barítono Ron-
coni, le
introducirá en los salones de la aristocracia británica. Finalmente volverá a
París. Día a
día aumenta su celebridad, hace valer el mérito de haber sido maestro
de canto de la
emperatriz Eugenia, sus canciones se interpretan por doquier y por
los cantantes más renombrados, y en años venideros serán publicadas muchas de
ellas por
prestigiosas editoriales extranjeras y por la suya de Madrid.
La última
etapa de su existencia es la más oscura, no sólo por la falta de noticias
sobre su vida,
sino también por una enfermedad que al parecer le afectó a
la vista en
París y que le indujo a regresar a España.Tal vez también su brillo se
había
oscurecido. Al final volvería a Vitoria. Desde allí se acercaría alguna vez a
Salvatierra,
donde era muy recordado y donde era agasajado por su antiguo discípulo
y sucesor en
su puesto de organista, Antonio Ruiz de Landazábal. Fallecería
en Vitoria el
6 de diciembre de 1865.
¿Cómo era
Sebastián Iradier, el hombre?
Por las referencias que de él conocemos,
parece ser que
tenía fama de liberal y vividor, de espíritu aventurero, algo donjuán,
atildado,no en
vano le llamaban el
dandi vasco,muy
simpático,con gran habilidad para
las relaciones
públicas, que aprovechaba para arrimarse a la sombra de los árboles
más frondosos,
tanto del arte y de la cultura, como de las altas esferas sociales,
oportunista,
con buen instinto comercial para explotar su producción y quizás un
poco figurón
para dar la impresión de valer más de lo que realmente valía. No debía
de merecerle
respeto a Barbieri, ni como persona ni como músico, cuando escribió
tan duramente
sobre él:“Muerto en 1865.Fue autor,plagiario y editor de canciones
españolas que
cantaba (dicen) con gracia. Hombre de gran historia y de poca
vergüenza”.
(¿).
LA
PALOMA
Resulta
curioso cómo Iradier, que tanta fama y éxitos cosechó en su época,
dentro y fuera
de España, por las numerosísimas canciones que compuso y
cantaron
grandes artistas, sea hoy solamente recordado gracias a una de ellas:
La Paloma.
Por lo demás, Iradier es un perfecto desconocido, incluso para la
inmensa
mayoría de los profesionales de la música. ¿Cuántos saben que la celebérrima
habanera
de Carmen (1875) no es sino una traslación con ligeras
variantes de
otra
habanera
de Iradier,
titulada
El arreglito,
estrenada en París en
l863 por Mila
Trebelli en el Teatro Imperial Italiano, con extraordinario éxito,
y publicada al
año siguiente dentro de una colección de canciones del autor
español? La
copia de Bizet es conocida y tatareada por todo el mundo, y se
ha ganado la
inmortalidad, pero ¿quién conoce el original de Iradier?
Parece ser que
Iradier, durante su gira por América en los años cincuenta, compuso
La Paloma
en Cuba, y que en La Habana fue estrenada por la famosa contralto
italiana
Marietta Alboni (según sostiene Emilio López de Saa).Aunque con
anterioridad,
en 1842, ya se había publicado en Cuba una canción con un ritmo
similar al de
la
habanera,
El amor en el baile,
de autor desconocido, el mérito histórico-
musical
atribuido a
La Paloma
es el de haber
sido la primera editada con
firma de
autor, que definiría para el futuro lo que hoy entendemos por
habanera.
En un
principio fue impresa con el subtítulo de
canción
americana a dos voces con
un poquito
de trigueña y caramelo,
pero ya en ediciones posteriores aparecería como
habanera,
y así ha quedado para siempre. Se ha especulado sobre si, años antes
de la llegada
de Iradier a Cuba, ya se cantaba allí
La Paloma,
de la que él se
apropió para
hacer su propio arreglo, pero ignoramos cómo sería aquella canción
y si tendría
algún parecido con la del músico vasco, y lo cierto es que
La Paloma
que voló desde
los países americanos hasta Europa y ganó pronto gran popularidad,
la que ha
llegado hasta nosotros, es la firmada por Iradier.
La fórmula de
la
habanera
es la de una
composición en compás de 2/4,sostenida por
una base
rítmica de corchea con puntillo, semicorchea y dos corcheas, con un movimiento
lento que se
asemeja al balanceo de una mecedora. La sugestión de este
ritmo afectó a
todos los compositores de zarzuela de la segunda mitad del siglo XIX
y del XX, que
no pudieron resistirse a la tentación de incluirlo en sus obras, a sabiendas
de que los
oyentes lo recibirían siempre con placer y lo recompensarían con
el aplauso.Pero
también los creadores de
música culta
han sucumbido al embrujo de
la
habanera
y le han dedicado obras. En España podemos citar, entre otros, a
Albéniz,
Granados,Falla,E.Halffter,Montsalvatge,etc.,y en Francia a Saint-Saëns,Chabrier,
Laló,Debussy,Ravel,Laparra,etc.Su
similitud rítmica con el
tango
ha
provocado que,
a veces, se
haya utilizado esta denominación para composiciones que muy bien podían
haberse
llamado
habaneras.
La Paloma
está también asociada a una desgraciada historia. Durante el
engañoso y
efímero
reinado en México del emperador Maximiliano I, archiduque de Habsburgo
(de 1864 a
1867),fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867,una jovencita tonadillera
mexicana,
Concha Méndez (1848-1911), que luego sería muy famosa, cantaba
esta
habanera,
que ya se estaba haciendo célebre en el país. La esposa del emperador,
la emperatriz
Carlota,quedó prendada de la canción desde la primera ocasión
en que la
escuchó,y tal llegó a ser su predilección por ella,que en todas las fiestas
de palacio le
pedía a la cantante que la interpretara.Concha Méndez gozó de los
favores de la
emperatriz, de quien recibió el regalo de una valiosa pulsera con sus
iniciales
grabadas. El pueblo mexicano, conocedor del gusto de Carlota por
La Paloma,
para
escarnecerla cambiaba la letra de dos de sus versos de este modo:“Si a
tu ventana
llega un burro flaco, trátalo con cariño que es tu retrato”. Tras el
fusilamiento
de Maximiliano
y, habiendo triunfado la revolución juarista, se celebró en el
Teatro
Nacional una función, en la que intervenía Concha Méndez, y el público le
solicitó que
cantara
La Paloma
con el texto
burlón,a lo que la cantante se negó por
respeto a la
ex emperatriz, que tan bien se había portado con ella y que languidecía
con la razón
perdida en Europa, y a su esposo recientemente ajusticiado.
Cuando Wiliam
Dieterle rodó la excelente película
Juárez
(1939), los guionistas conocían
sobradamente
esta historia,por lo que incluyeron un par de momentos con
importante
alusión a
La Paloma.Y
por eso Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), al
componer la
música para la banda sonora de esta cinta, utilizó
La Paloma
como tema
recurrente en
tres ocasiones, asociándola al amor de Maximilano y Carlota. La
primera vez
suena de forma orquestal, y es escuchada por la pareja imperial en la
escena de la
terraza de palacio, al atardecer, cuando ambos sueñan con un futuro
triunfal. Ella
(Bette Davis) interrumpe a su marido (Brian Aherne).“Escucha…”, le
dice.“¡Bonita
música!”, comenta él.“La paloma. Es una canción de amor. La melodía
más bonita que
hay”, contesta ella.“¿Conoces la letra?, pregunta el emperador.“Sí,
Maxi, es una
conocida habanera.Aquí la canta todo el mundo”, explica Carlota.Y
mientras sigue
sonando la música, ella va recitando la estrofa más famosa de la canción.
La segunda vez
reaparece
La Paloma
como fondo
orquestal en la despedida de
Maximiliano y
Carlota, cuando ella emprende el viaje a París para tratar de disuadir
a Napoleón III
de la retirada del ejército francés de México.Ya no volverán a verse.
Y la tercera
vez que va a sonar
La Paloma
es a petición del emperador, como última
gracia antes
de ser ejecutado, en recuerdo de su amada esposa.Ahora la escuchamos
cantada por
una mujer,con voz de contralto,vestida de mexicana,que muy
bien podría
representar a la antes citada Concha Méndez. La canción sirve de enlace
con la imagen
de una Carlota postrada y enajenada.
Numerosas
canciones de Iradier tuvieron una vida fugaz, algunas alcanzaron
la madurez y
luego se marchitaron, pero
La Paloma,
tras siglo y medio desde
su nacimiento,
sigue joven y lozana, no ha perdido su capacidad de vuelo y
continúa
cantándose, tanto por artistas profesionales como por personas ajenas
al mundo de la
música. No es raro que en reuniones familiares o de amigos,
cuando la
alegría invita a cantar, surja aquello de “si a tu ventana llega una
paloma…”, que
todos parecen conocer.
CATÁLOGO DE
OBRAS
Orquesta
escénicas
Por las
razones que fueren, Iradier no se sintió inclinado a la composición de
música para el
teatro, como lo demuestra su escasísima contribución a este
género. Veamos
en qué consistió:
-
El
ventorrillo de Crespo.
Zarzuela en un acto, con texto de Tomás Rodríguez
Rubí, y música
de Basilio Basili, estrenada en el Teatro de la Cruz de Madrid,
el 15 de julio
de 1841. En ella se intercalaban el polo
Yo que soy
contrabandista
de Manuel
García, y la canción
El charrán
de Sebastián Iradier.
-
El
mesón en Nochebuena.
Zarzuela en un acto, con texto de autor desconocido,
y música de
Iradier, estrenada en el Teatro de la Cruz de Madrid, el 24 de
diciembre de
1843. Contenía un coro, un terceto, y las canciones
La naranjera
y
El
matón
del propio Iradier.
-
La
pradera del Canal.
Zarzuela en un acto, con texto de Agustín Azcona, y música
de Sebastián
Iradier, Cristóbal Oudrid y Luis de Cepeda, estrenada en el
Teatro de la
Cruz de Madrid, el 11 de marzo de 1847. De los ocho números
musicales que
contiene la obra, cinco son de Iradier: el coro inicial, la canción
torera, una
jota, la canción de Rita y el terceto.
-
La
perla del Genil.
Loa dedicada a Eugenia de Montijo, reciente emperatriz de
Francia por su
matrimonio con Napoleón III, con texto de Tomás Rodríguez
Rubí, y música
de Iradier, estrenada en la quinta de la condesa viuda de Montijo
de Carabanchel,
Madrid, en 1853.
Se suele citar
otras dos obras escénicas. Una,
Las ventas de
Cárdenas,
que no
es una
zarzuela, sino un sainete de Tomás Rodríguez Rubí, en el que se intercalaron
cinco números
de Iradier, y otra,
El mayoral de
diligencias,
de la que no
poseemos dato
alguno.
Canciones
Es en este
género donde Iradier encontró su auténtico camino y alcanzó
amplia fama.
Estaba dotado de gran facilidad para improvisar al piano y a la
guitarra,
poseía gran imaginación para crear melodías y se movía a gusto en
cualquier
clase de ritmo.Aprendió pronto a conocer los gustos del público,
tanto del
plebeyo como del aristocrático, atraído éste siempre por lo popular,
y supo darle
lo que le pedía. Poseía una gran intuición para elegir los
temas de sus
canciones, dotadas de cierto gracejo y picardía en numerosos
casos, y que
en su gran mayoría eran un muestrario de tipos de su época.
Basta con leer
los títulos de sus canciones para comprobarlo. En esto parecía
enlazar con la
pasada tonadilla y apuntar hacia el futuro género chico. Iradier
carecía de una
profunda formación musical, que le habría permitido
abordar
composiciones de una mayor envergadura, por eso se desenvolvía
tan
cómodamente en este género sencillo, y precisamente esta sencillez le
dio tanta popularidad. Porque sus canciones, en general, eran de fácil
asimilación,
asequibles a
cantantes aficionados y a cualquiera que tuviese un buen
oído, con un
acompañamiento pianístico nada complicado, y se acercaban a
lo que hoy
llamaríamos
música ligera.
Sus fuentes de inspiración no eran
siempre originales y se apropiaba a veces de temas musicales ya existentes,
que él reelaboraba a su conveniencia. Ciertas canciones requerían de los
intérpretes
una capacidad
teatral, porque tenían el sentido de brevísimas representaciones
escénicas, en
las que se intercalaban ocasionalmente frases
habladas,
estando compuestas algunas de ellas en forma de dúo, y otras se
cantaban y bailaban. Las canciones de Iradier se interpretaron en salones
aristocráticos y de gente pudiente, en intermedios y finales de funciones y
recitales líricos, en cafés-cantantes, y llegaron hasta las casas de pequeños
burgueses, donde había un piano y las niñas casaderas lucían sus habilidades
canoras, y se
publicaron por editoriales como la casa Rolandi de Londres, la
Schonnenberger
y la Heugel de París, y la Shott-Söhne en Alemania, con traducción
de los textos
al francés y al italiano. Si estas prestigiosas casas de
música
extranjeras se interesaron por las obras del compositor vasco, fue
por la enorme
popularidad de que gozaban. No olvidemos que algunas de
estas
canciones eran interpretadas por cantantes de fama como la Viardot,
las hermanas
Patti, la Bosio, la Alboni, la Damoreau, la Marchisio, la Carvalho,
la
Nantier-Didiée, Ronconi, Salas…
El catálogo de
las canciones de Iradier sobrepasa el centenar y medio de títulos,
como se puede
comprobar en la lista que ofrecemos a continuación.
Por él circulan
canciones españolas,
andaluzas,
madrileñas,
boleras,
habaneras,
moriscas,
jotas,
y
romanzas de salón.
En cuanto a los autores de los textos, en
numerosos
casos no sabemos quiénes fueron, lo que explica tanto espacio en
blanco, aunque
en algunas letras parece apreciarse un origen de coplas y romanceros
populares, con
posible adaptación del propio Iradier.
Canciones
Agua va!
Juan del Peral
Alza puñalá
B. J. Bouligny
Amor es un
capricho
Sebastián Iradier
Aurora o El
jaleo de Jerez
José Zorrilla
Aurora la
gitana de Sevilla
José Zorrilla
Ay,
chiquita
Boleras
sevillanas
Prado Castellanos (Bolero del olé)
Broma y
jaleo
Francisco Luis de Retes
Café
caliente
Canción del
molino
Canción
satírica, de
El diablo
cojuelo
Carmela
Castillos
en el aire
Coro de
monjas
Efectos de
la amabilidad
Sebastián
Iradier
El arco
iris o Los once colores políticos
Sebastián
Iradier
El
arreglito
Sebastián Iradier
El
banderillero
Agustín Azcona
El borracho
18
El canto
M.Alcayde
El carbón
de piedra
El
carpintero
El cataplúm
Sebastián Iradier
El charrán
Tomás Rodríguez Rubí
El
chiclanero
El chin,
chin, chan
Sebastián Iradier
El chulo
El
contrabandista
El curro
marinero
El delirio
Cataldi
El
empalagao
El
estudiante de Tuna
Miguel Agustín
Príncipe
El goloso
El jaque
M.Alcayde
El Juanelo
de Sevilla
El jubileo
Ramón de Campoamor
El londito
El macareno
Manuel Azcutia
El matón
El melonero
José María Gutiérrez de Alba
El
miriñaque
Sebastián Iradier
El molino
José Zorrilla
El
naranjero de Cádiz
Wenceslao
Ayguals de Izco
El
naranjero
Tomás Rodríguez Rubí
El patatús
El primor
Tomás Rodríguez Rubí
El recuerdo
B. J. Bouligny
El
requesonero
José María
Gutiérrez de Alba
El sapiluse
El sereno
de Sevilla
Manuel Rodríguez
El sol de
Sevilla
Sebastián Iradier
El sol de
Triana o La Rosilla
El suspiro
El torero
Tomás Rodríguez Rubí
El tormento
M. Belate
El vestido
azul
Marqués de Molins
Él y ella
Miguel Agustín Príncipe
El
zapateado
Galop de
las panderetas
Ramón de
Campoamor
Isabel o La
ramilletera de Madrid
Agustín Azcona
Jerez y
borgoña
José Zorrilla
Jota
aragonesa
Jota
aragonesa del vestido azul
Jota de los
cascabeles
M. de T.
Jota de los
estudiantes
Jota de los
toreros
Jota del
chiclanero
Juanita
Juanita o
La perla de Aragón
Marqués de
Molins
L’ eco
della tomba
La
avellanera
Juan del Peral
La beata
Ramón Satorres
La bofetá
Agustín Azcona
La cachucha
La
calahorrana
La calesera
La
cigarrera
Agustín Azcona
La cita
Parent
La Colasa
Agustín Azcona
La coqueta
Tomás Rodríguez Rubí
La
declaración
La
esperanza
Juan del Peral
La
estudiantina
La flor de
la canela
Tomás Rodríguez Rubí
La
inocencia
La gitana o
La buenaventura
J. B. Sandoval
La lágrima
La liga de
Juana
Ramón de Campoamor
La Macarena
José María Gutiérrez de Alba
La
macarenita
Sebastián Iradier
La manola
La mantilla
de tira
La mejicana
Sebastián Iradier
La molinera
La mononita
La morena
La
naranjera
La negrita
La paloma
La
palpitación
La
pamplinera
Wenceslao Ayguals de Yzco
La Pepa
La perla de
Andalucía
Sebastián Iradier
La Perla de
Triana
J. L. Clavero
La poderosa
Sebastián Iradier
La pollería
La
purificación de la canela
La riña del
calesero
Agustín Azcona
La Rita
Agustín Azcona
La rondeña
La rosa
española
La rubia de
los lunares
Sebastián
Iradier
La sal
José María Gutiérrez de Alba
La serenata
La serrana
José Sanz Pérez
La
sevillana
La soledad
de los barquillos y La malagueña
La Tana
La tierra e
María Santísima
M. Eulate
La
valenciana de máscara
Antonio García
Gutiérrez
Las amonestaciones
Sebastián Iradier
Las calabazas
Las
caleseras o El calesero andaluz
Tomás
Rodríguez Rubí
Las fatigas
Tomás Rodríguez Rubí
Las máscaras
Juan del Peral
Las ventas de Cárdenas
Tomás Rodríguez Rubí
Lola
Los baños de Carracaca
Tomás Rodríguez Rubí
Los caracoles
Los mareos de Juana
J. B. Sandoval
Los ojos negros
Antonio García Gutiérrez
Los pollos
Wenceslao Ayguals de Yzco
Los toros
del puerto
Luis González Bravo
Luisa la
capitana
Sebastián Iradier
María
Dolores
Manuel Rodríguez
Mi
artillero
Juan del Peral
Ni amor ni
olvido
J. Grijalva
No quiero
amores
Pelar la
pava
Pobre ciego
Juan del Peral
Poca o
ninguna distancia
¡Que me
najo! Quién se viene
¡Qué
será!
¡¡Quiá!!
B. J. Bouligny
Rondeño
Sapituse
Seguidillas
del picaporte y Boleras del ja, ja
Julián Sáiz
Cortés
Serenata
Si será
amor
Tu amor o
la muerte
Un adiós
Juan del Peral
Una
declaración a quemarropa
Una ingrata
Cayetano de Suricalday
Una rosa
Una rosa y
unas calabazas
Sebastián
Iradier
Vals del dios Baco
José Zorrilla